No festejo, recuerdo
Hola.
Y pensé cómo poder hacer un guiño al tema del 8m, no para festejar, sino para visualizar el tema, en este caso de algunas mujeres que escriben y dicen cosas.
Pensé en autoras mujeres, jóvenes, latinoamericanas; y en el formato del cuento, por qué yo "soy de los cuentos".
Mariana Enríquez (1973): "Las cosas que perdimos en el fuego". Samanta Schweblin (1978): "Pájaros en la boca". Mónica Ojeda (1988): "Las voladoras". Las dos primeras argentinas, Ojeda ecuatoriana.
Y en este marzo se vienen más mujeres, siempre latinoamericanas: María Fernanda Ampuero (1976, Ecuador), Claudia Piñeiro (1960, Argentina), María Travacio (1967, Argentina), y Fernanda Trías (1976, Uruguay). Y alguien más, y quizás no llegue.
De las lecturas de hoy; Las cosas que perdimos en el fuego, cuento que da nombre a la recopilación de Mariana de 2016. Quizás haya sido demasiado temprano, comenzar el día a eso de las 7am leyendo este cuento. Es mi segundo lectura del mismo, pero no recordaba los detalles. Es un horror que remueve conciencias, no se trata de fantasmas ni vampiros. Es un relato de este tiempo y de este mundo, cuando la desesperación y la rabia se vuelve consigna.
Matar a un perro, Samanta Schweblin 2018, había escuchado por ahí que era uno de los mejores cuentos escritos en este tiempo reciente. Creo que hay algo de eso, pero no tanto. Un cuento sobre la crueldad, un cuento sobre la crueldad y sus límites, un cuento sobre la crueldad y sus consecuencias. Sobre la potencial venganza. Un cuento perro.
Terremoto, Mónica Ojeda 2020. Es lo breve. La calidad narrativa de Mónica la asemeja a la poesía. Y está la imagen, y lo desgarrador. Es pura tierra y fuego. Me arden las venas al leerla.

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