Los humanos son mortales
Los escritores son humanos
Los escritores son mortales
Y sin embargo a veces la muerte duele
El pasado 13 de abril, en Lima-Perú a sus 89 años y por causa de una neumonía falleció Jorge Mario Pedro Vargas Llosa.
Y la polémica se instaló, aunque la discusión es bastante vieja: ¿se puede o no separar la obra del autor? Y las aguas se separan. No se trata de ignorar la vida del escritor, más bien creo que se trata de cuanto puede ese conocimiento influir en la lectura, y como esto es personal me atrevo a decir: cuanto crees que puede influenciar eso en TU lectura? Tanto como para que te prives de leer alta literatura?
Hay mucha gente muy correcta políticamente, ( y esto de lo correcto obvio que muta) que escribe muy mal, pésimo. Y no es una cuestión de gusto, porque escribir es también un oficio, y así como hay buenos y malos odontólogos, también hay buenos y malos escritores. Hoy pululan: los más o menos malos, los malos, los muy malos, y los terriblemente malos. Los publican, los venden y los leen.
Y yo estoy triste porque murió Vargas Llosa, porque era el último sobreviviente de esa generación que hizo que la literatura latinoamericana se conociera en el mundo. Le llamaron boom. Quizás muchos no sepan que su novela La ciudad y los perros, escrita en 1963 que denunciaba los abusos en la educación militar, sufrió la quema de varios ejemplares por parte de los militares peruanos. Pero además este señor hizo escuela, y así como entre otros Julio Cortázar, y también Borges (en Europa Calvino y Eco) se preocuparon en mostrar su oficio. Impartiendo clases, dando conferencias, generando registros. Todos fueron generosos con su arte, dieron cuenta de su escritura. Vargas Llosa también. Porque escribir y publicar también es un acto de entrega, lo más valioso de un escritor es su escritura y cuando publica su obra deja de ser suya, y el autor muere (simbólicamente) para que, como decía Eco, el texto encuentre su camino. Demás está decir que cuando escribes bien ese gesto de desprendimiento te ennoblece mucho más.
Entonces de la prolífica obra de Vargas Llosa recomiendo: La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966), Conversación en La Catedral (1969), La tía Julia y el escribidor (1977), La señorita de Tacna (Teatro 1981), La fiesta del Chivo (2000).

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