Por más que lo intento no logro concentrarme ni encontrar los espacios suficientes para leer, y por consiguiente realizar los resúmenes. Por lo que ME DECLARO EN PAUSA LECTORA.
Embalar, embalar, embalar, esa es mi obsesión hoy. En el desorden de vivir entre paquetes se hace difícil crear condiciones adecuadas para disfrutar de la lectura.
En relación a lo anterior les dejo una recomendación, la novela Mudanzas de la escritora argentina Hebe Uhart, comparto con uds un párrafo de su excelsa escritura.
La mudanza
“El domingo siguiente, la madre sacó afuera un ropero apolillado, para verlo bien al sol. No entendía bien qué objeciones producía ese ropero. ¿No era para guardar ropa, no cumplía su fin? Hasta aquí había servido en silencio y ahora ¿qué mierda pasaba? A lo mejor vendrían roperos nuevos que ella no entendería. También había una bolsa llena de retazos que ella había guardado de cada vestido y de la ropa de todos, pedacitos floreados, verdes, de lana abrigada, de algodón; ella los había guardado porque a lo mejor alguna vez alguien iba a coser, si alguien cosía. Ahí había un tesoro. Con ese floreado, se podía hacer una bombacha, con ese blanco, un echarpe, con ese género pinchudo, que pica, bue… ¿Para qué serviría? Para alguna cosa, pensó molesta. Camilo le hizo sacar todos los zapatos que guardaba abajo de la cama. Guardaba zapatillas de abrigo, muy viejas; pero tenían un borde azul como de pompón, se las había regalado el tío Pipotto. Había zapatos para salir, nuevos, que nunca pudo usar porque le dolían, el cuero estaba reluciente. Estaban también los zapatos de cuando vino de Italia. Sí, claro, no se usaban más, pero para alguna emergencia, por ejemplo si llegaba a venir una guerra, como la de Italia. Habían escrito desde allá que escaseaba el aceite, tanto más los zapatos. La cama, sin los zapatos abajo, le producía una sensación de desprotección...”
No hay comentarios:
Publicar un comentario