Porque quizás nadie haya pasado por esta vida sin probar las mieles de la poesía. Por haberla escrito, por haberla leído, por haberla escuchado, por intuirla.
Lucía lo propuso, y dijimos que sí. Y entonces leímos a Delmira y a Marosa. Cuánto en común y qué diferentes!!!
Ambas rompiendo los cánones de la escritura de su tiempo, ambas irrumpiendo en el mundo del erotismo. La una modernista, escribiendo sonetos, versos alejandrinos de rima perfecta. La otra desplegando una escritura en prosa de tono poético.
Elijo a Marosa, porque logro reconocerme, la siento cercana, amiga, compinche de ensoñaciones y delirios, y porque me motiva a seguir tratando de derramarme a través de la escritura.

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