Este mes solo he podido leer la segunda parte de Solenoide, capítulos 17 a 28. Creo es la parte más extensa pp 213 a pp 402, pero más allá de la cantidad de páginas se trata de la dificultad en la lectura, por lo profunda, llena de detalles.
La escritura de Cartarescu no tiene trama, no hay un guión que organice el relato, es un continuo ir y venir en el tiempo, plagado de recuerdos del pasado, y también de imágenes oníricas. Es un libro que impacta porque es capaz de trasmitir sensaciones corporales, el miedo y el asco expresado en el cuerpo a través de descripciones que parecen provenir de visiones del microcosmos. También cambia los planos: guiños al lector utilizando recursos de la metaliteratura, reflexiones de claro tinte filosófico, referencias históricas, atmósferas climáticas, la bruma y el gris de la ciudad más triste del mundo: Bucarest. Los autoritarismos de un régimen comunista en decadencia, lo absurdo.
Lo que intento trasmitir es la exigencia que esta lectura requiere, pero a pesar de eso se disfruta. Una frase puede llegar a encerrar un mundo. Uno debe volver una y otras vez sobre lo ya leído. Mucha información, demasiada belleza. Y pienso: como un autor puede ser tan magnífico? Luego me doy cuenta que ni siguiera le estoy leyendo a él, porque a veces uno se olvida que lo que nos llega como lectores es una traducción. Entonces su maestría ya ha pasado por un tamiz, el de la traducción.
No me importa el tiempo que me lleve, este libro es como un buen vino, se bebe a sorbos, dejas que el néctar te impregne las papilas y te sigue por rato adonde vayas.
Entre todas mis frases marcadas les regalo esta: "... la respiración no es otra cosa que nuestro aleteo por el azur celestial de la vida"
FELIZ 2025

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