Azulino, azuloso, azulado.....

Por fin he terminado el cuento que estaba escribiendo.

Si bien toda la idea estaba bien plasmada, el narrador, la voz, la secuencia narrativa, el final, no lograba poder terminarlo porque había una palabra, que debía utilizar y que a pesar de los esfuerzos no llegaba hasta mi. Sabía que era esa y no otra. Probé igualmente con aquellas otras que daban la idea, pero esa palabra, la correcta, se había marchado y no lograba rescatarla. Es curioso como en la neblina aparecían ante mi otras tantas, y yo sabía que esas,  no eran.

Recurrí a un ejercicio que suelo hacer, sabia por ejemplo que tenía E, pero que no comenzaba en vocal, entonces fui combinando: Be, Ce, De, Ge, Fe...., and so and so. Luego Bre, Cre, Gre, ..., Ber, Cer.., y así llegó y supe que era ella y no otra. Pero ese misterio no lo develaré.

Siempre recuerdo este trozo de entrevista a Borges donde habla del valor de las palabras y que no todas pueden usarse siempre, uno debe renunciar a algunas y reconocer cual es la adecuada. 

Les dejo el videíto por acá. Disfruten escuchándole.


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