He comenzado a escribir un cuento, con una idea que ya venía rondando en mi cabeza. Primero es una chispa, luego atrapas esa luz y no dejas que se escape. Segundo paso debes de investigar para dar forma y contenido al relato. Esta vez se trata de un hecho histórico que será ficcionado, por eso el personaje principal ya posee nombre y apellido y proviene de la vida real. En estos casos la ficción se reduce a una interpretación de los acontecimientos, al tono en el que en primera persona este cuento será narrado, en los detalles agregados para crear un clima, y por supuesto la estacada final que es el cierre, fortuito e inesperado. Poder decir en puro presente aquello que ya ha ocurrido, y darle un giro a la historia: es fantástico. Nada más parecido a la Divinidad.
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