La poesía de Emily Dickinson

Emily D. nació en una pequeña localidad de Massachusetts en diciembre de 1830, y murió a sus 56 años por causa de una afección renal. Generó una obra muy prolífica, alrededor de dos mil poemas, e innumerables borradores de cartas apasionadas. En vida editó únicamente de 7 a 10 poemas, y aún estos fueron aparentemente publicados sin su consentimiento. Varias son las hipótesis sobre esta voluntad de permanecer en el anonimato y también sobre la causa de su aislamiento, se auto recluyó en su casa durante los últimos años de su vida, de 15 a 30 años según las diferentes versiones. Durante estos años no solo escribía sino que disfrutaba de tareas de jardinería. No se casó ni tuvo hijos, y muchos hablan de una relación muy cercana con Susan Gilbert, quien era su cuñada ya que estaba casada con su hermano Austin. Varios de sus poemas y cartas fueron aparentemente dedicados a Susan a quien consideraba como una "hermana elegida". Revisando la vida de Emily no puedo dejar de pensar en las conexiones con lo escrito por Virgina Woolf más de 40 años después de la muerte de Dickinson, hablo de "Una habitación propia" (1929), y porque no también de Orlando (1928).

La obra de E.D fue descubierta luego de su muerte por su hermana Lavinia, más de 40 libritos manuscritos, cosidos a mano por la propia Emily. Pienso que la creación de esos librillos y esa especial manera de mantenerlos es parte de su propia obra y no solamente expresión de cierto exotismo como se lo suele considerar. Quizas hoy se hubiera autopublicado, buscando algún formato alternativo y artesanal, como muchos de nosotres. 

Si buscásemos describir su obra y su vida, podríamos decir que ambas están signadas por el silencio, la introspección y la radicalidad del lenguaje, siendo sus temas preferidos, la vida, la muerte y la conciencia. Su escritura resulta algo críptica, sobre todo al comienzo. Prefiero señalar que en el núcleo de cada uno de sus poemas descansa una tensión entre la insignificancia y la sacralidad de la vida. Tensión que es reflejo de su tiempo, vivió su madurez mientras en su país se desarrollaba la Guerra de Secesión (1861-1865), dos modelos económicos y políticos en pugna en la joven e incipiente nación, uno industrial y abolicionista de los estados del Norte, y otro agrario y esclavista de los estados del Sur. 

Dickinson también se debatió entre dos mundos literarios, el Gótico , oscuro e intrincado; y el Moderno, caracterizado por el profundo dolor ante la pérdida de sentido, por la caída de los referentes del discurso religioso que organizaba las vidas. Muerto Dios, la nueva fe es la razón científica, marcada por el análisis, el método, la universalidad, pero también por la acumulación, el consumo y un largo etcétera, propios del capitalismo.

El desasosiego, la desesperanza, la nada. Pero no la nada del vacío nihilista, sino la del vitalismo nietzschiano y del posmodernismo propio de nuestro tiempo. From Blank to Blank. (De la nada a la nada).






Yo tsundoku, y vos?

Tsundoku es un término japonés que nombra la compulsión de comprar libros, aún ante la imposibilidad real de poder llegar a leerlos. Quien los adquiere expresa su sincera voluntad de poder hacerlo, y aunque ya posea una larga lista de pendientes esperando, su intención es lograr a corto o largo plazo cumplir con  su lectura. Apilados en altas filas, arrinconados en alguna esquina, desparramados sobre las mesas, o desbordados entre las estanterías, allí están aguardando turno.

Como cualquier otra obsesión no puede ser explicada lógicamente. El concepto que resulta en la unión de dos términos: tsunde (apilar) y doku (leer), se origina en la era Meiji japonesa (1868-1912) que marca el pasaje del aislamiento feudal a la modernidad occidentalista. Evidentemente a pesar de este origen la idea puede aplicarse más allá de la cultura japonesa. A mi parecer se combinan tres fenómenos, una obsesión lectora motivada por el afán de conocimiento, el impulso consumista y la fantasía de inmortalidad, características propias de nuestra contemporaneidad. 

El editor estadounidense Edward Newton considera que la compra de más libros de los que uno pudiera leer es la expresión del alma en busca de la inmortalidad. 

Luego de establecer el vinculo entre 1) libros comprados y 2) capacidad de lectura, comprobando que el índice obtenido marcaría una relación inversamente proporcional, no puedo dejar de coincidir  plenamente con el señor Edward. Más de una vez siendo consciente de lo anterior he pensado que imaginariamente cada vez que adquiero un nuevo libro en realidad estoy comprando tiempo de vida.

Por todo lo anterior, agradecería que nadie, nunca más, parado frente a mi biblioteca volviera a preguntarme, ¿ya te leíste todo esto?

Noooh!!!




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